Deformadas visiones de lugares extraños,
tiempos que no viví, pero que conozco.
Le ví, ante el altar dispuesto al sacrificio,
dispuesto a brindar una víctima más a su ciego odio. No creí a mis ojos, y advirtió mi
presencia.
Aprovechó mi conmoción para esconder su afilado
cuchillo.
-Acércate, sé bienvenido.- dijo con sutil reverencia,
mientras en su espalda sujeta al demonio con fuerza.
Confiado, pero confundido, me
acerqué a su sitio.
Me invitó a su lado, y me mostró extraños símbolos.
Mi alma presentía algo oscuro y maligno,
pero los demonios distrayeron mis sentidos.
Entre tinieblas no pude
distinguir su negra mano
que se elevaba tras de mí sujetando el negro acero.
Asentí cuando me pidió que me acomodase,
e hizo de mí su ofrenda al maligno.
Ya nada podrá salvar tu débil
alma -Se jactaba-
Ahora es mía, y la despedazaré,
serás condenado por mi negra hiel.
Y a mi Maestro otorgarás gran placer.
Inocente espíritu, que se dejó
arrastrar.
El Mal lo confundió.
No hay medio de que pueda escapar.
Fué su perdición.
Pero el negro filo mi corazón
no pudo penetrar.
De mi pecho una luz emanaba, y palideció el Mal.
Tembloroso el negro ser dejó caer su arma,
pero el Maligno rondaba ya ansioso mi alma.
No pudo aceptar su derrota, y
venganza se tomó.
Oscuros velos sobre mí lanzó.
Así a los infiernos sería desterrado por los míos,
al parecer un caído ángel impío.
Mas no hizo sino errar el
maligno ser,
porque al Amor no pudo oscurecer.
Y en mi pecho su luz brillante
fué siempre mi estandarte.
Pero pesa sobre mí su
maldición,
pues no a ojos de todos brilla el Amor.
Los negros siervos del maligno ser
confunden a aquellos que dudan al ver.
Iluminad vuestros espíritus
con vuestra fuerza interior.
Nadie hay más bello y poderoso
que el que vive por Amor.
Tony Vera Díaz. 15.01.1997
21.04
|