Ha caído el muro.
El enemigo entra saqueando, matando y quemando cuanto
encuentra a su paso.
Cree haber vencido, haber triunfado.
Pero ha perdido. Que por
la fuerza nada se posee sino de forma efímera, fugaz.
Nadie por violencia logró el Amor saborear.
Pero algunos no pueden tolerar, sólo destruir.
Nunca descansarán, sólo alimentan su odio que les
llegará a consumir.
La paz se hace en los caídos.
Vencidos en la batalla, pero victoriosos en sus
corazones.
Lucharon no por ellos sino por los suyos.
Se irguieron valientes, entregándose a la muerte.
No hay mayor derrota que vencer
por odio al enemigo.
Pues una vez vencido no queda sino uno mismo para
odiarse.
La paz perdida, por el insaciable ardor del mal.
Y el alma muerta, rodeada de fantasmas que la condenan.
No hay descanso para los que se
traicionan negando su corazón.
Vagan por el mundo, arrasando cuanto encuentran a su
paso.
Pero nada les satisface.
Son sólo caparazones vacíos, con la mirada perdida, sin
corazón en el pecho.
¡Ay malditos! ¡Rechazáis la
poca luz que os llega!
¿Cuánto tiempo pasará hasta que miréis a lo alto?
Vuestro cuerpo se pudre, con él vuestra alma.
Lo preferís a tomar conciencia de vuestro error.
Aquellos que destruísteis,
ahora ruegan por vosotros.
Pero sus lamentos son en vano, no tenéis oidos para
ellos.
No reinará el violento, sino el que ame y lleve la Paz
consigo.
Pero perdísteis el valor, y sólo os queda el negro
odio.
Tony Vera Díaz. 15-01-1997.
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