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Al empezar el día,
al salir el sol,
pierdo la esperanza
de sentirme mejor,
me arrepiento de estar solo,
pero que puedo hacer,
de tantas cosas me arrepiento,
de todo, menos del placer.

Al sentir el mediodía,
al ver el sol estar arriba,
cambia mi mirada,
cambia su esplendor,
no tengo sus caricias,
y mucho menos su amor.

Al caer la tarde,
al ponerse el sol,
mi cuerpo cae al piso
preso del temor,
de que esto sea real,
de que me encuentre solo
sin nadie en quien pensar.

Al cubrirme la noche,
esa obscuridad sin sol,
me siento deprimido,
me falla la razón,
me vuelvo un vampiro,
en busca de amor,
el amor que tú me diste,
el que quema como el sol.

Juan Eduardo de Urraza